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Sónar 2015

18/20-06-2015

Entre los pasados 18 y 20 se junio se desarrolló la edición número 22 de Sónar, el festival con base en Barcelona donde la música se intersecta con el arte y los medios digitales para construir una experiencia única en su tipo. Y tal como en 2013 y 2014, estuvimos allí. Pero, ¿cómo se desarrolló y cómo vimos uno de los eventos más importantes del mundo? Así:

 

Jueves 18
Viernes 19
Sábado 20

 

Jueves 18

 

El primer día, que contempla únicamente jornada de día, comenzó -para nosotros- con Kindness, el proyecto liderado por el músico Adam Bainbridge. En su presentación, el británico confirmó la reputación gracias a la que ha ascendido con mayor fuerza año a año, entregando una presentación en la que, tal como lo que cierra durante sus sesiones de estudio, indie, r&b, pop y electrónica se amontonan uno sobre otro para tomarse el escenario con un tono fresco y novedoso. A esto se suma la cercanía de Bainbridge con el público para cerrar un show redondo, que cumple, pero al que aún le falta agregar pretensiones y sus consecuentes repercusiones. Un veloz paso por SonarDome nos empujó a los dominios de Lao, el artista mexicano que sabe muy bien cómo convertir un cocido de elementos de Europa y Latinoamérica en un momento de agilidad y efectiva selección. Anotado como un nombre a tener en cuenta. Y como el calor nos atrapaba y las ganas de seguir bailando también, volvemos a SonarVillage para escuchar lo que tenía para ofrecer Kasper Bjørke. Y exactamente lo que buscábamos, fue lo que recibimos. El músico danés entró en un camino donde confluyeron todas sus influencias, invitándonos a acompañarlo en un recorrido donde una sobresaliente selección de techno, house, disco y tendencias clásicas eran manipuladas con habilidad y efectividad. Energía y melancolía; tonos tenues y soleados, todo en una actuación sólida y contagiosa. Siguiente escenario, SonarHall, el elegido para que el productor venezolano Arca demostrara en vivo los créditos que lo han catapultado como uno de los artistas más innovadores de su generación y del panorama actual. Acompañado por las visuales de Jesse Kanda, Alejandro Ghersi fue el dictador de un universo sonoro donde el presente es solo una excusa para adelantarse a un futuro creativo misterioso e impredecible, el mismo que le ha permitido trabajar con nombres como FKA Twigs, Björk y Kanye West, y desenvolverse en áreas como el diseño y la moda. Sin etiquetas, sin géneros, sin influencias claras. En manos del sudamericano, la originalidad y la ambiguedad adquieren un matiz completamente nuevo. De vuelta a SonarVillage nos ponemos frente a J.E.T.S., el dúo que decidieron formar Jimmy Edgar y Machinedrum para hacer de sus colaboraciones algo oficial. Y si por separado ya han construido una estética que desafía la esencia de cada uno de los géneros en los que se inspiran, en conjunto llevan esa postura a una dimensión en la que logran dar a su trabajo una personalidad aún más definida. Techno, funk, house o footwork deconstruídos bajo una visión frenética y adelantada. Pero el plato de cierre, uno de los más comentados, nos empujaría a una auténtica catársis sensorial. Frente a un SonarHall en completa penumbra, el dúo Autechre delineó uno de los momentos más espesos y rugosos del fin de semana. Maestros de la abstracción e innovadores en toda la extensión de la palabra, los británicos nos alejaron de la realidad para recordarnos a la cara porqué son un pilar fundamental en la música electrónica. Un laberinto sin aparente solución; una clase donde lo complejo fue procesado hasta lograr una perfecta e intensa armonía.

 

 

Viernes 19

 

Partiendo el viernes, llegamos hasta SonarHall para presenciar la actuación de Kate Tempest uno de los números que más esperábamos en este día. Armada con un micrófono y un filoso repertorio verbal, la inglesa asociada a Big Dada y Ninja Tune destacó por una actitud directa y segura, revelándonos en vivo los atributos artísticos que han atraído celebraciones unánimes a su disco debut. Austera y sin miedos, aquí importa la música y el mensaje. Vanguardia hiphop. De vuelta al sol sobre SonarVillage, Arthur Baker nos recordó porqué es una figura inscrita históricamente en esa conexión que se genera entre música y una pista. Techno, house, disco, electro, hiphop o funk; cada género que el norteamericano sumaba no hacía más que encender aún más su ya vigorosa y enérgica sesión. La selección indicada para convertir al baile en un acto reflejo. A continuación, y a solo unos metros, en el escenario para bandas, Dorian Concept bajó las revoluciones con un show que llevó a la acalorada audiencia a un viaje por paisajes oníricos y apastelados. Experimental, emotivo y con una sucesión de melodías de colores tan suaves como cautivantes. Muy contrario a lo que se viviría en SonarHall con Squarepusher poco después. Esto porque Tom Jenkins tomó el rol de narrador de una historia que encuentra su inspiración en los rincones más recónditos -y oscuros- del imaginario colectivo. Sofocante, epiléptico, visceral; lo del británico es un estroboscópico relato donde un angustiante nace como resultado de una ejecución de máquinas en modo multitarea. Cerrando la primera parte del día, y mientras ya abandonábamos Fira Barcelona, Nick Hook agitaba el espacio al aire libre con una sobrecarga de techno ácido y contundente. La noche se acercaba y el norteamericano nos entregó una antesala más que adecuada.

 

 

Ya en fira Gran Vía, nos preparábamos para uno de los nombres principales del cartel: A$AP Rocky. Mientras estuvo a cargo de la música en SonarClub, el joven rapero norteamericano liberó ese sonido que lo ha llevado hasta lo más alto de la escena hiphop. Psicodelia, carisma y fiesta por montones en un show donde no faltaron los éxitos ni el confetti. Siguiente: Hudson Mohawke. Como una atítesis al minimalismo, Ross Birchard inundó el sector SonarLab con un una presentación explosiva y potente. Un relato en brillantes conductos color neón donde el trap, campo en el que HudMo se mueve como pez en el agua, gatilló un sonido vibrante y contagioso. La misma descripción aplica para Totally Enormous Extinct Dinosaurs, alias con que el productor Orlando Higginbottom firma su visión de ritmos club. Y aunque lo del inglés atrapaba con cada nueva variante, había que volver a SonarClub, porque Die Antwoord estaban a punto de someter al público a uno de los momentos más desenfrenados y concurridos del día. Y así fue. Desde que Ninja y Yo-Landi Vi$$er pusieron los pies sobre el escenario, todas las etiquetas con que se ha descrito su música quedaron más que justificadas. Polémicos, frenéticos, provocadores, únicos. Uno de los actos más originales y fulminantes que conoce el panorama actual. Un rápido paso por SonarLab para escuchar a SOPHIE, artista que ha creado su propia adaptación del pop en un formato claramente influenciado por, entre otros, la cultura japonesa y los videojuegos. Energizado, el londinense Samuel Long demuestra que la efectividad y fácil digestión también pueden ser el resultado de maniobrar adecuadamente lo -para algunos- incomprensible. Es pop fluorescente; es pop de la era internet, quizás de la red que conduce los siglos que aún no conocemos. Y cuando el reloj marcaba las 2:30, Jamie xx se paraba frente al SonarPub y encendía sus máquinas para iniciar su sesión. Desde que irrumpiera en la escena musical con su proyecto individual y con su banda, The xx, el británico Jamie Smith se ha convertido en una de las principales figuras de la escena de su país. Y con justa razón. A su talento innato como creador, suma un conocimiento e instinto de selección que los de mayor edad envidian y menores admiran. No importa el sonido, no importa el género; nada importa, vamos a bailar. Una pequeña parada, lo que el itinerario nos permitió, por el SonarLab para encontrarnos con Maya Jane Coles. Y todo el prestigio que ha acumulado en su corta, pero meteórica carrera, fue ampliamente validado. Sofisticada, profunda, cautivante, moderna; ponga los adjetivos sobre la mesa, están todos permitidos. Pocos momentos después, y en el mismo escenario, The 2 Bears se reunían con sus equipos para su turno. Y tal como lo han desmostrado, Joe Goddard, también miembro de Hot Chip, junto Ralf Rundell, pusieron la bandera de la entretención en alto para sacudir al público y no dejar de enviarles incentivos en formato sonoro. Techno o house, disco, new-wave o pop; algunos de los géneros que toman para crear una vibra estimulante y que es la excusa para un momento de baile y completa libertad. Y vaya que lo logran. Pero el fin de la noche era también el inicio de un viaje: el mismo Seth Troxler nos daba la bienvenida a un futuro de ritmos que se colaron intravenosos en todos los que llenaban el extenso SonarPub. Chispeante, eufórico, entregado al hedonismo y recordándonos en todo momento su característico sentido del humor; el capitán de un recorrido por los rincones más excéntricos y enigmáticos que habitan entre techno y house.

 

 

Sábado 20

 

Día sábado, día de despedir el festival, pero de comenzarlo con dos de los tres representantes chilenos que llegaron a esta edición número 22. Primero, un ícono la cultura urbana y el tornamesismo local: Dj Raff. Ya con una transición casi completa a ritmos que transitan entre techno, house, electro y tendencias bass, Rafael Pérez logró entregar una hora de soltura y completa conexión, complaciendo el exigente gusto de todos los que se reunían en SonarVillage, bajo el fuerte sol, en busca de baile sin pausa. Influencias hiphop y funk en clave de coherente electrónica. Y a pocos minutos de finalizada la participación, el SonarDome, escenario presentado por Red Bull Music Academy, se preparaba para rendirse ante la presencia y fuerza de Valesuchi. Combinando la cara robusta de house y techno en una propuesta áspera y de tonos opacos, dado su gusto por lo análogo, Valentina Montalvo inyectó además piezas extraídas de disco, armonías tropicales y latinoamericanos para alcanzar un estilo ágil y dinámico. Una sesión cruda, acalorada y altamente contagiosa. Todos los -positivos- comentarios posteriores están bien, muy bien ganados. Siguiente en la lista, uno de los shows más comentados y aclamados. Solo cuarenta y cinco minutos necesitó Evian Christ para sorprendernos tanto visual como auditivamente. Durante su actuación, Joshua Leary nos teletransportó a una dimensión absorbente, alucinante y desconocida. Acompañado por una muralla de luces y pantallas, el joven británico selló las paredes del SonarHall con un sonido único, el que bebe levemente de corrientes como grime, hip-hop y r&b, pero que desintegra para sacar pasajes al futuro y comunicarse a lo lejos a través de ritmos con identidad propia. Su mundo, sus reglas. De vuelta en SonarVillage, Bomba Estéreo encendió el baile con una mezcla ineludible de ritmos africanos, electro-cumbia y champeta. Latinoamérica y Barcelona compartieron código de área en un show que brilló por su calidez y energía. El calor no es nunca una excusa, menos para una agrupación dedicada a alimentarlo aún más. Y para el cierre de la primera mitad, Henrik Schwarz. Mientras el sol se escondía y ya nos preparábamos para la etapa nocturna, el alemán se encargó de mantener -de forma hábil y apasionada- los ánimos a tope con un deep house variado y en el que se encontraron distintos matices, épocas y ángulos. Consistencia y congruencia de pista.

 

 

Ya en Gran Fira, el primer número de la noche tenía nombre y escenario. FKA Twigs tomó el control de SonarPub con una actuación que rectificó porqué es una de las actrices más relevantes y renovadoras del pop contemporáneo. Con una presencia que proyecta sensualidad y solidez en cuotas equitativas, Tahliah Barnett sedujo al público para llevar a cabo una cita sonora que hipnotizó de forma mística a través de melodías y una propuesta r&b de avanzada, además de una elástica y complementaria expresividad corporal. En una palabra: imponente. A poco de uno de los momentos más esperados, Erol Alkan tomó el timón de la pista de SonarClub con una explosiva y contundente ración de techno, acid, house, electro y otros, llegando a un punto de ebullición donde lo frenético y lo detonante compartían un mismo ambiente. Terminado lo potente del británico nadie se movía, pues estábamos a minutos de que el nombre principal del cartel tomara posición en sus equipos: The Chemical Brothers. Acompañado por Adam Smith, visualista y eterno colaborador del proyecto, Tom Rowlands puso a sonar Hey Boy, Hey Girl para conquistar a todos los asistentes en tan solo unos segundos. Histórico, trascendente, eufórico, impactante; pon las palabras, que gustes. La titánica presentación audiovisual de los ingleses fue un viaje por el tiempo y un recorrido por esa esencia química que se ha mantenido intacta desde su inicio en los noventas. No por nada son una referencia permanente al buscar pioneros del género. Y tras correr entre escenarios, llegamos a ver el cierre del set de Annie Mac, el que como era de esperar era un colorido y ágil cóctel de tendencias que eran hábilmente unidas por las habilidades de la inglesa, además de su extenso conocimiento. Gracias a esto, Mac encuentra el punto exacto en que dubstep, techno, house o grime, entre otros, encuentran sus raíces para lograr desenvolverse con armonía en un contexto de efusiva festividad. Pero la noche avanzaba y era el turno de Siriusmodeselektor, la suma de los alemanes Modeselektor con Siriusmo y el colectivo visual Pfadfinderei. Y todo lo que podríamos haber esperado, pasó. Con un techno moldeado para adaptarse a distintos gustos y ambientes, el supergrupo descargó toda esa energía inagotable que los caracteriza por separado y que se duplica al trabajar en conjunto. Las atractivas visuales supieron enlazarse con un juego sonoro que combustionaba más y más mientras la sesión avanzaba. Ya de regreso en SonarClub, Dubfire ponía los toques finales para comenzar su show en vivo, Hybrid. Con la exploración de la relación humano-máquina como hilo central, el iraní encantó al público presente a través de un techno que no hizo más que encadenarlos a la pista para someterlos a un trance de baile y placer. Ya conocíamos sus capacidades en el estudio, su habilidad tras las mezclas, ahora sabemos que puede tocar en vivo y deleitarnos con un auténtico concierto y una completa provocación audiovisual. Un rápido paso por SonarLab para escuchar a Jamie Jones y comenzar a sentir cómo los primeros rayos de sol comenzaban a aterrizar sobre nosotros. Techno o house, el inglés sabe muy bien cómo extraer sus ángulos más cálidos y baleares para inducirnos a un estado hipnótico y melódico. Y de baile, por supuesto. Y así lo hizo. Para despedirnos por lo alto, Laurent Garnier, dj y productor francés que tiene fuerte conexión no solo con el legado que ha escrito Sonar desde sus inicios, si no con la historia de la música electrónica en si. Porque Laurent tiene claro que, para mantenerse vigente, hay que adoptar el sonido contemporáneo sin que eso signifique dar la espalda a los inicios, a los orígenes. Así es como cada sesión del galo, incluída la que presenciábamos, es una colección atemporal de techno, house, acid e incluso drum & bass, si le apetece. Amanece en Barcelona, Laurent Garnier es el que lleva la fiesta; difícil pensar en un mejor lugar para estar. Y mientras caminábamos a la salida, con el cansancio de tres días encima y cuando el reloj ya marcaba pasadas las 6 de la mañana, Adam Beyer detonaba el SonarClub con un techno tan oscuro, como potente y subterráneo. Cada eco que pudiera brotar de las paredes de este espacio era completamente dominado por el sueco. Por aquí las pulsaciones no paraban, ni tenían pensado hacerlo, menos con el mandamás de Drumcode entregando golpes de pista por toneladas.

 

 

Dos jornadas. Más de 6 escenarios para un sin fin de disciplinas. Sónar no es simplemente un festival, es una plataforma de expresión y liberación de creatividad. Barcelona, gracias una vez más. Nos vemos en 2016, no sin antes esperar con ansias SonarSound, versión que desciende por primera vez en suelo chileno para desarrollarse en diciembre próximo.

 

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