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Entrevistas

Red Bull Music Academy: Alejandro Paz / Valesuchi

Conversamos con los dos representantes locales en la prestigiosa academia.

Si en 2013 fue solo uno (Lavina Yelb), en 2014 el número aumentó a dos. Alejandro Paz y Valesuchi fueron los afortunados -y merecidos- seleccionados que representaron a Chile en la última edición de Red Bull Music Academy, la institución itinerante que tuvo como última sede a la estimulante ciudad de Tokio, en Japón. Alejandro, que presentó nuestro podcast número 67, es conocido por ser uno de los nombres más interesantes de la actual generación de productores que se desenvuelven entre techno y house, con giras que lo han llevado a recorrer Europa y Latinoamérica, publicar en sellos como Cómeme, de Matías Aguayo, y ser invitado a iniciativas como Boiler Room, el famoso programa transmitido en línea en el cual participó en 2012. Por su parte, Valentina Montalvo, más conocida como Valesuchi, se ha convertido en un nombre reconocible en distintos puntos bohemios de la capital, acumulando una experiencia que, sumada a sus influencias, dieron vida a Golosynth, Ep debut que publicó por Discos Pegaos en diciembre pasado. ¿Cómo fue la experiencia en la academia? ¿Cómo la vivieron? ¿Que significó en sus carreras? Hace algunos días me junté con ellos para conocer la respuesta a esas y otras preguntas.

 

Y si quedas con las ganas, ojo que ya están abiertas las postulaciones para la edición 2014, la que esta vez se tomará las calles y clubs de la capital francesa, París.

 

 

En noviembre participaron en la edición de Red Bull Music Academy, que se desarrolló en Tokio, como los únicos dos representantes chilenos. ¿Qué los motivó a postular?

 

Vale: A mi Matías (Aguayo) me había dicho que por favor postulara, que me iba a encantar y que era una buena oportunidad. Pero no creía que lo que yo pudiera mandar fuera bueno. Era un miedo, la verdad; miedo a mostrar lo que uno hace. Aunque eso se me pasó después de quedar, porque si quedé, entonces es porque era bueno. Pienso que a uno le pasan más cosas de lo que cree que reafirman el confiar un poco. Pero definitivamente postulé porque era en Tokio. Era un sueño de toda mi vida ir a Japón. Era algo que me debía. Probé y mandé algo, después de todo es súper difícil quedar. Pero fue el factor Tokio… ahí fue cuando dije “Ya, ¿cómo no? Si hay una oportunidad de ir a Tokio, lo mando…”.

 

Alejandro: Yo conocí la academia por la Anita, la Anita Helder. Cuando viví en Madrid, ella fue a la edición de allá y ahí fue cuando supe de qué se trataba. También vi que, después de años, aún la apoyaban, y eso estaba bueno. Ahí me decidí.

 

¿Le contaron a alguien que iban a postular o lo hicieron en secreto?

 

Alejandro: Yo no le dije a nadie…

 

Vale: Yo tenía como un plan maestro de no contarle a nadie, para que no eligieran a nadie más de Chile y quedar yo. ¡Mentira! (risas) Había un evento en el GAM, me invitaron a ver el documental y estaba todo el mundo. Estaba el Andrés (de Astro), el Nico Castro, los Dënver, un evento de ese mundillo. Todos fuimos a ver el documental y fue como “va a postular todo el mundo…”. Era mi secreto… (risas)

 


(foto de Dan Wilton)

 

A pesar de estar en la misma edición, estuvieron en grupos separados. ¿Pudieron compartir una vez en la academia?

 

Alejandro: No, nada.

 

Vale: Yo tenía un plan, porque quería viajar. Íbamos a arrendar en un hostal con chicas del primer grupo y con otras del segundo grupo. La idea era viajar por Japón, pero me dijieron que uno no me podía quedar por más de cinco días después de que terminara el grupo, por cosas de la visa. Y no, no pudimos toparnos. Yo quería llegar el día anterior al que tocaba el Ale para ir a ese carrete, pero no me dejaron tomar el vuelo antes.

 

Alejandro: Yo no me iba a quedar. Terminó la academia y al otro día me fui a China porque tenía una fiesta allá. Toqué y me fui de vuelta a Japón. Y después a Santiago. Fueron como cuatro días en avión (risas).

 

Uno de los requerimientos de postulación es enviar un trabajo musical propio, sea un mix o una producción. ¿Trabajaron algo exclusivo para el proceso o usaron material que ya tenían?

 

Alejandro: No, yo puse todos los tracks que había hecho y también remixes.

 

Vale: Yo mandé tres demos, que era todo lo que tenía. Igual le pregunté a Matías qué onda, si mandaba un dj set o temas míos. Me dijo que lo mío de todas maneras, porque dj sets hay miles. Del Ep que saqué, que son cuatro temas, elegí tres.

 

La academia es conocida por una intensa agenda de actividades, entre sesiones de estudio, charlas y presentaciones. ¿Cómo se las arreglaron para adaptarse bien a ese ritmo?

 

Alejandro: No sé, tomando ene Red Bull y ene café (risas). Yo me perdí un par porque ya no daba más, para poder dormir.

 

¿La agenda de actividades ya está armada cuando llegan?

 

Alejandro: Si, está armada de antes, pero es muy exigente. Te ponen una a las doce, luego otra a las tres y media o cuatro, y después hay otra cosa como a las siete. En la noche están las fiestas de la gente que está participando y entremedio tienes que ir al estudio. Yo iba al estudio después de la fiesta, después un rato a la fiesta otra vez, después volvía para seguir trabajando hasta las cinco o seis de la mañana y después dormía hasta las diez.

 

Vale: Claro, llegas y el primer día, en la presentación, te pasan el calendario semanal con las charlas y las fiestas. Tienes una charla a las doce, luego almuerzo, otra charla y después vas al estudio unas dos horas. Y a las siete un carrete porque la mayoría empiezan temprano. Igual que el Ale, yo me quedé todos los días en el estudio hasta las seis o seis y media. Después a dormir un rato. Y si, la Red Bull y el café ayudan, pero estás tan adrenalínico, tipo “¡Hay una charla con Tom Tom Club!” que filo, te despiertas y da lo mismo. A mi me sorprendió eso, sentía lo cansada que estaba, pero me daba lo mismo.

 

Alejandro: Yo me iba a dormir a un estudio, agarraba mi mochila y me tiraba donde fuera.

 


(foto de Dan Wilton)

 

¿Cómo fueron las fiestas en las que tocaron? ¿Qué diferencias tenían con las de acá?

 

Alejandro: Para mi la principal diferencia siempre es la plata y todo lo que puedes conseguir con ella: equipos, locaciones, etc. La entrada a mi show era cara y eso es algo que no me gustó. Pero la gente estaba dispuesta a conectar y eso lo sentí, es lo que busco y eso te puede pasar en cualquier parte.

 

Vale: Yo toqué 2 veces. La primera fue la fiesta oficial, en un edificio chiquito de 4 pisos, en el que cada uno era una pista de baile como para 100 personas, con varios DJs o lives distintos. Fue muy entretenido porque no sabía realmente hasta donde podía llegar con mi DJ set, porque es difícil cachar a la primera qué onda son los japoneses que estaban ahí, qué quieren bailar, quienes eran al final. Empecé más techno y me fui relajando para cachar si podía poner cosas con más humor o más congas, y fue increíble. Me tocaba cerrar ese piso, se suponía que tocaría 2 horas y el dueño terminó pidiéndome que tocara hasta que cerrara la fiesta, fue lo máximo, la gente gritaba. La otra fue de pura casualidad. Ben, un DJ que trabajaba en la Academy, me vio llegando una noche con varias bolsas de vinilos que me había comprado ese día y me dijo que al otro día con “James” iban a hacer una fiesta en un bar y que si quería tocar. Le dije que obvio que si, sin tener idea quien era James. Y al otro día llegue al bar, ¡y James era James Pants!

 

Para mi lo más distinto, lejos, es que allá todos los carretes a los que fui sonaban súper bien. A algunos les habría subido el volumen un poco, pero en general hay una cultura de clubs muy fuerte, muy pro. En casi todos los locales habían lockers y tenían una estética súper bien pensada, una onda propia en cada lugar, sin pantallas led ni sobre iluminación. Eran súper buenas pistas de baile. La mejor fiesta fue lejos la de Tony Humphries, obviamente por su set, pero el lugar en que tocó era un piso 25 en la mitad del centro de Tokio. La pista tenía piso de madera con estrellas y lámparas sesenteras de colores colgando arriba, cortinas de terciopelo, espejos y todo lleno de plantas alrededor.

 

¿Tuvieron problemas con el horario?

 

Alejandro: Yo me lleve unas pastillas para dormir y el día que llegué salí a dar una vuelta, comí algo y me tome una; dormí de las ocho a como las once del otro día. Y ahí me fui a la presentación, así que lo hice rápido.

 

Vale: Yo no tuve jetlag, ni en la ida ni en la vuelta. Nada.

 

¿Y el idioma? ¿Fue muy complicado? Imagino que dentro de la academia hablan principalmente inglés, pero, ¿y si salían a caminar por los alrededores o recorrer la ciudad?

 

Alejandro: Se complica un poco, pero también la mayoría habla inglés.

 

Vale: Es un país ultra preparado para recibir turistas. Todo tiene foto así que te comunicas con gestos, apuntándo.

 

Alejandro: Además son súper amables. Cualquiera se detiene y se preocupa. Y si no te pueden responder buscan a alguien que te ayude. Son muy, muy amables.

 

 

La edición en la que participaron se desarrolló en Tokio, una cultura muy diferente a la local. ¿Qué fue lo que más les llamó la atención?

 

Vale: Yo después de Tokio me fui a Berlín y llegué reverenciando (risas). También llegué un poco espantada de salir de ese mundo donde todo se trata del respeto. Todo es muy respetuoso, de mirar a los ojos, de ayudar, cero ansiedad de nada. En los carretes, cuando estaba instálandome para tocar, poniendo las máquinas, los audífonos y los pendrives, aparecían unos japoneses como ardillas, pero no a hablar ni nada, solo a mirarme con mucha atención. Y yo ahí estaba como “¿Qué hago?”, pensaba si me iban a preguntar algo o no, así que los saludaba porque me miraban con mucha actitud, muy atentos de verme tocar. Después de terminar, había algunos esperando como para hablarme, en un inglés de cinco de la mañana, muy “japonesizado”, y yo como angustiada por no poder entender o conversar. Pero era todo muy buena onda, muy sinceros. Sentí que en los carretes había muy poco japonés taquillón o hype, que no le interesaba la música que estaba sonando. La gente que iba realmente le interesaba, culturalmente había otro acercamiento.

 

Alejandro: A mi me llamaba la atención todo esto del control. Esta cosa del respeto por los demás, que también tiene que ver con el control y el control sobre tu cuerpo. Me sorprendía el ritual que tenían para todo. Por ejemplo, la vez anterior que estuve en Japón, había una chica que iba a hacer el café al backstage y cada vez que pasaba por el portal de la puerta, se detenía, se daba vuelta y reverenciaba. Y seguía. Todo eso… ¿qué te provoca? Algo te tiene que pasar, una neurosis… algo. Bueno, Japón es uno de los países que menos sexo tiene…

 

Vale: Hay una tensión por no invadir al otro. Había un chico muy tierno que estaba todos los días viendo quién se despertaba y quién no, porque tenía que hacer que todos llegaran a la academia. Yo lo veía todos los días y era súper cálida, pero después no lo abrazaba tanto. Era de latina buena onda. Como que se corría y yo quería relajarlo, pero creo que finalmente para el era un problema. Una timidez… Pero en esa timidez o reverencia al otro, también hay una dulzura y una ingenuidad… no sé, algo que es como muy sobrecogedor. Un día fui a comer japonés y estaba en la barra, y el tipo hacía el sushi mirándome a los ojos. Y tomaba todo con unos movimiento súper controlados, lentos. Y cuando terminó, lo dejó muy despacio, mirándome como si fuera especialmente para mi. Todo es directo, un contacto con la atención. Es una cultura de adentro para fuera. Todo es estético. Un día en la calle vi a un jardinero municipal, vestido de blanco como de lino, con guantes, sombrerito y una bolsita de género. Y limpiaba y cortaba las hojas tranquilo y de a una. No sé, muy heavy.

 

¿Habrá alguna influencia de esta aventura en alguna de sus próximas producciones o hay trabajos como resultado del viaje?

 

Alejandro: Yo por lo menos, a parte de los temas que salen en el compilado de Red Bull, me puse a trabajar con un chico que se llama La Mverte y nos guardamos los dos temas que hicimos. Los estamos terminando y los vamos a editar por otro lado. Es un chico francés muy buena onda. Hay un trabajo que se desprendió de eso, con una amistad. También le estoy haciendo un remix.

 

Vale: Definitivamente la idea de colaborar fue muy importante, de abrirte a otras estéticas en el sonido que trabajan los otros y no sólo quedarte con lo que sabes que te gusta y conoces. Siento una apertura muy grande después de la Academy a escuchar desprejuiciadamente lo que para mi es nuevo o diferente, o que quizás a primeras no me gusta tanto. Uno siempre tiene etiquetas para todo y al final eso no te permite ni a ti ni al otro estar en una búsqueda, hacia donde sea que vaya. Trabajando allá nunca sentí competencia ni prejuicio hacia mi trabajo, todo se trataba de compartir y eso es muy inspirador.

 


(foto de Yusaku Aoki)

 

¿Los dividen por grupos basados en la experiencia? ¿Novatos y experimentados?

 

Vale: No sé cómo ha sido otros años, pero de todas maneras en el grupo del Ale habían nombres más grandes. Estaba un chico de Brasil, que es como el Gepe de allá y que tiene miles de seguidores. Pero para mi aprender a colaborar fue lo máximo. Esa pérdida de un miedo. Llegas el primer día y al escuchar lo que hacen los otros, crees que sabes qué te gustó y con quién quieres trabajar, pero final estás en el estudio y el que quiere derrepente entra y te pregunta qué estás haciendo. O tu vas a otro estudio y ves a otros trabajar y te invitan a cantar porque necesitan un coro. En mi grupo fue todo así, fresco. Daba lo mismo si no trabajábamos los mismos estilos, si había buena onda, bien. Si alguien pasaba por afuera, le preguntabas su opinión. Un desprejuicio a la opinión de todos. Que todos opinen, todas las sugerencias posibles. O no sé, estar trabajando y que derrepente entre Carl Craig, y que te salude y te pregunte si necesitas ayuda. ¡Y pedirle su opinión a Carl Craig!

 

Alejandro: A mi me pasó al revés. El día que nos escuchamos todos me di cuenta que La Mverte era con el que podía trabajar. Al otro día lo primero que hablamos fue eso y ahí empezamos a trabajar juntos, pero con nadie más. Una chica se nos unió y otro día los Tiger & Woods, que un día entraron a la pieza. Agarramos un estudio con La Mverte y no lo soltamos más, no salimos de ahí.

 

Vale: Eso era raro, había algunos que nunca fueron al estudio. Nunca. Yo y una chica de Turquía éramos las únicas que estábamos hasta tarde en el estudio. Era algo como territorial, éramos pocas minas. Había un chico de Polonia que me decía “Oye, ¿tú eres dj? Es que nunca he mezclado y tengo mi carrete el viernes. ¿Me enseñas?” y yo “¡Obvio, vamos!”. Lo llevé al estudio y le pasé toda mi música para que practicara. Incluso puedes estar cansado, raja, pero puedes ver como trabaja el resto. Vi a un tipo trabajando en Logic por horas. O también sugerir cosas, como por ejemplo si alguien está pegado tres días en el primer minuto de una canción, decirle y motivarlo a que avance. Ver a otros trabajar era increíble, conocer otras formas de trabajar.

 

 

¿Cuál dirían que fue el mayor aprendizaje? ¿O que “antes y después” hay tras la academia?

 

Alejandro: Yo iba con la expectativa de aprender cosas muy específicas de estudio, cosa que no ocurrió por que era un grupo muy amplio de gente. Pero si tuve la oportunidad de aprender cosas nuevas. Como una noche que me quedé con Kerri Chandler y Marco Passarani haciendo un tema. Y ahí aprendí como comprimía Kerri Chandler. Eso estuvo bueno, muy bueno. Otras noches bajaba al estudio para que la gente que estaba ahí me explicara cómo trabajaba. Yo llevé una máquina 707, la sampleamos y estuvimos trabajando frecuencias bajas. Me enseñaron compresión paralela y cosas así, que yo quería aprender, pero que me tuve que meter y preguntar.

 

Vale: Lo que conversábamos también era que faltaba una directriz. Por ejemplo, que nos dijieran “Todos van a tomar una drum machine y vamos a trabajar bombos”. O que otro día íbamos a trabajar voces, y todos grababan voces. Como que falta una directriz técnica.

 

Alejandro: Lo que pasa es que, según me contaron, que este era el primer año que iba tanto productor. Por eso estaban todos más enfocados en eso. Estaban preparados para recibir un grupo más amplio. Los años anteriores había ido mucho instrumentista, y en ese tipo de labores, de estudio, tienen que partir un poco más atrás. Pero si tenías tus intereses claros, ibas y preguntabas, porque había un profesional que trabajaba en eso y te podía ayudar.

 

Vale: Yo en los últimos días le pregunté al jefe del estudio del primer piso (que era una mesa gigante, donde graban instrumentos, porque en los otros llevas tus propias cosas y tienen tarjetas de sonido y todo) su opinión sobre el master de mi disco. Conversamos sobre eso y fue bacán, porque no estaba tan lejos de lo que aprendí mezclándolo. Hubo un solo tema que me costó decidir, porque peleaban las frecuencias bombo y bajo. Él me preguntaba si es que elegí el bombo, y conversábamos de forma más técnica. ¿Pero qué aprendí? Para mi, la apertura a colaborar. Perder el miedo a que alguien que no tenga nada que ver con el género que tu haces, te sugiera cosas. Porque es obvio, uno no puede hacer todo bien. Abrirse a opiniones y colaborar.

 

¿De qué forma evalúan la academia como una instancia de impulso a la creatividad y la innovación? ¿Cuál creen que es su principal aporte?

 

Alejandro: Yo encuentro que la academia funciona bien. No solo en mi caso, conozco otros donde el apoyo es bastante y durante años. Lo que te contaba, que fue una de las cosas que me motivó a entrar. Y de hecho así ha sido, en los pocos meses que ya llevo fuera de la academia, me ayudaron a sacar fechas en mi gira Sudamericana. Y hay nuevos proyectos que están saliendo. No es como que te agarren y te suelten, de verdad hay un interés sostenido por los artistas. Es gente demasiado metida en la música. Entienden bien cómo funcionan las dinámicas de trabajo y te apoyan todo el tiempo. Eso está bueno.

 

Vale: A mi me sorprendió que, como en ese día en que todos muestran lo que hacen, empiezas a escuchar a otros y es como “¡Wow!”. Encuentro que la selección es bacán. Toda la gente era súper autoral. Tenían algo muy propio, un cuento propio. Y eso al final es lo más interesante; conocer gente de todo el mundo en esa instancia, que es como un reality. Al final puedes tener las mismas referencias y todo, pero da lo mismo, porque cada uno va a hacer algo muy propio. Se genera un desprejuicio, porque, por ejemplo, al principio había ene chicos de Inglaterra, con ese sonido UK de harto sub-bajo, más grime. No paraba mucho la oreja en eso, pero después los veía trabajar y es como “Wow, ¡es lo máximo!”. Como que ahora me interesa todo. Por ejemplo, los chicos pop que había eran increíbles. Un pop súper poco obvio. Y lo que decía el Ale, toda la gente involucrada en la academia son djs o productores, hacen música. El mapeo de referencias de donde vienes lo conocen perfecto. Hay un respeto muy bacán por lo que estás haciendo.

 


(foto de Yusaku Aoki)

 

Vale, durante tu estadía Discos Pegaos publicó tu debut como productora. ¿Tuviste oportunidad de presentarlo en la academia y conseguir comentarios?

 

Vale: Estábamos complicados por cuándo sacarlo, porque era el lanzamiento del vinilo de Pegamentos volumen 2 y se venían el disco del Motivado y el mío. Nos estresaba un poco sacarlo antes de que yo me fuera, pero les sugerí que lo hiciéramos el día que yo tocaba en Tokio. Y todo se alineó: ese día toqué allá, me entrevistaron en la radio y salí en XLR8R, entonces fue como una fecha muy bomba. Fue bacán, muy muy bacán. Yo no estoy pendiente de cachar las páginas de música ni de googliarme, pero ese día me levanté, llegué a la academia y como cinco personas me decían “buena, te vi en XLR8R y va a salir tu Ep, ¿de dónde lo bajo?”.

 

¿Qué pudiste mostrar allá?

 

Vale: Lo que yo toqué fue una mezcla entre un live y un dj set. Llevé mi máquina y toqué otros temas, no solo los que están en el Ep. Y después en los programas de la radio los tocaron. Después me entrevistaron, me pidieron el Ep y me dijieron que estaba sonando en Nueva Zelanda. Y otra chica en Japón me decía que estaban tocando mis temas en una radio de allá.

 

¿Te dejaron críticas constructivas, considerando que era tu debut?

 

Vale: Los dos comentarios con los que me quedo, fue que encontraban bacán que fuera hecho con una sola máquina. Que era muy hip hop. Y lo otro que me dijeron fue que todos los temas eran distintos, muy diferentes. Eso como autoral que había en que fueran distintos, no eran cuatro temas para la pista de baile, si no que había matices. Eso fue bacán.

 

Ya están de vuelta en la rutina normal. ¿Qué planes tienen para el resto del año?

 

Alejandro: Voy a sacar un Ep con Sanfuentes en marzo y quiero ir a Europa a mediados de año (Toco madera). Estoy preparando un Ep con La Mverte y estoy trabajando en algunos remixes. Y bueno, tengo una nueva residencia en Mamba que se llama Chicago Chico. Este sábado 21 vamos con No Model y Diegors.

 

Valesuchi: Hice un remix a la Felicia (Morales), ahora trabajo en uno para Motivado y después se viene uno para Lavina Yelb. Hice un tema en Berlin con el Philipp Gorbachev, que lo tengo que mezclar ahora. Y tengo otros temas listos para tocar. Y ojalá otro Ep en el primer semestre.

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