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Sónar 2014

12/14-06-14

Festival de música avanzada es una descripción más que acertada para lo que ocurre en un evento como Sónar. Porque acá no se trata de grandes masas o de hits que facturan millones y que son éxito seguro en una pista, si no de aquellas propuestas que buscan ir un paso adelante y reinventar el panorama existente. Nuevas fórmulas, nuevos conceptos y más; todo en tres días donde la música electrónica se celebra a si misma, abarcando distintos rincones bajo estrictos parámetros de innovación y creatividad. A continuación, nuestra mirada a la edición 2014 de uno de los festivales más importantes del mundo.

 

Jueves 12
Viernes 13
Sábado 14

 

Jueves 12

 

La jornada de tres días comenzó el día jueves a eso de las 5:30 de la tarde, cuando en un soleado SonarVillage, Ryan Hemsworth demostraba porqué es considerado una de las grandes promesas de la electrónica contemporánea. Combinando con acierto ritmos como hiphop, r&b, house o post-dubstep, todo en una línea llena de congruencia y visión, no debería extrañar que, en un futuro cercano, este joven británico sea el impulsor de una próxima tendencia. Un diamante que ya deja atrás el bruto. A continuación una breve pero intensa visita a Despacio, la instalación con que 2manydjs y James Murphy buscaban, a través de extendidas sesiones que llegaban a las 7 horas de duración, recuperar la experiencia de la música en vivo, con la danza como estímulo reflejo de júblio y celebración. Ubicados a un costado y con un pequeño cartel pegado en sus monitores, el trío nos invitaba a bailar y dejar de lado la preocupación por fotos o video. Y vaya que fue así; el escenario fue sin duda uno de los más concurridos y el sistema de sonido que delineaba la pista funcionaba como una pared que encerraba un ambiente de febril festejo. De vuelta en SonarVillage, Machinedrum interpretaba en vivo los sueños que dieron vida a Vapor City, disco en el que dio rienda a su creatividad combinando las distintas influencias que definen su trabajo e inspirado por una ciudad ficticia. Una personalizada estructura nos llevó a recorrer paisajes en los que se reconocía electrónica pura, dubstep y drum & bass, entre otros. Una presentación impecable que pedía a gritos un horario más cercano a la noche. Libre, experimental y potente; palabras que rodean lo entregado por Daniel Miller, veterano dj y productor que a través de esa combinación de techno y pop que solo el sabe lograr, encantó al público y lo mantuvo en constante movimiento. ¿Histórico? Y más. Mientras, e inmerso en su imaginario, T. Williams conquistaba el SonarDome con una fresca fusión de funk, bass y house. Un amplio y diverso universo sonoro. Finalmente, el plato fuerte: el estreno de Objekt, el nuevo show del alter-ego de Richie Hawtin, Plastikman. Apoyado por un obelisco formado de leds, el pionero artista presentó la nueva versión de su directo, en la que música y propuesta audiovisual se entrelazan para formar una experiencia completa, que desafiaba a los sentidos y que capturó por completo la atención de quienes lo presenciaban. Como siempre, el canadiense sacó partido de las posibilidades tecnológicas que le ofrece la era en la que vivimos. Una inmersión audiovisual.

 

 

Viernes 13

 

El segundo día no podía si no partir con una nueva visita a Despacio. Y es que el ambiente y conexión que se encerraba en aquella carpa, animada a la perfección por los hermanos Dewaele y su compañero Murphy, era la representación fiel de la relación esencial que debe existir entre djs y público: música, baile y diversión. Inevitable. Siguiente: SonarHall, escenario en el que Simian Mobile Disco presentaba la versión en vivo de Whorl, nuevo trabajo de estudio que grabaron durante una sola sesión en el desierto de California. Armados con un secuenciador y un sintetizador análogo, la dupla que forman James Ford y Jas Shaw entregó un relato en el que experimentaron con un rango de sonidos que nos llevó hacia pasajes ambientales, psicodélicos y minimalistas. Techno en manos de dos laboratoristas. Una escueta pasada por el SonarVillage nos dejó claro que el frío de Islandia no es excusa para bailar. Allí, FM Belfast eran los maestros de una ceremonia en la que no faltó el confetti ni los ritmos contagiosos. Había baile y manos, la mayoría de ellas el aire. La única pasada por SonarDome del día nos puso frente a Dengue Dengue Dengue, la propuesta originada en Perú donde se cruza la vanguardia de la electrónica más avanzada y el folklore de distintos puntos latinoamericanos. Una original, entretenida y creativa fusión de culturas. Pero había que volver afuera, al SonarVillage, para poner atención a dos de los platos fuertes de la jornada. Primero Bonobo, un auténtico paisajista de sonidos. Simon Green sabe que la inspiración lo es todo y que plasmarla de la forma más fidedigna es la clave para desarrollar un estilo propio, y es exactamente lo que hace. Usando una ecléctica y orgánica paleta de sonidos, Bonobo nos llevó hacia un viaje en el que cada parada es una nueva faceta de su kaleidoscópica mirada musical, adornada y ambientada en un sinfin de texturas auditivas. Fascinante. Y para cerrar la primera parte, Theo Parrish, uno de los nombres más importantes salidos de Detroit. Funk, house, jazz, soul y techno, solo algunos de los géneros que son absorbidos por el norteamericano para ser procesados y entregados en forma de una sabrosa y cálida sesión de baile. La experiencia de un apasionado por la música al servicio de la pista. Nos vamos agradecidos a tomar el bus hacia Gran Via.

 

 

 

Como es sabido, la noche depara el lado más agitado del festival, instancia en la que se combinan distintas tendencias para transformar a Fira Gran Via en un enorme y diverso club. Y el puntapié inicial lo daban nada más y nada menos que Röyksopp & Robyn, cabezas de cartel y una de las colaboraciones más comentadas del último tiempo. La dupla noruega y la cantante sueca presentaron un atractivo y magnético show, en el que dejaron claro que el pop no necesariamente tiene que ser fácil de decifrar y que es un campo en el que también se puede experimentar. Una exploración perfecta para comenzar la noche. Un par de escenarios más allá, Woodkid demostró cómo puede direccionar las distintas aristas en las que se desenvuelve para canalizarlas hacia un punto específico. El multifacético artista francés nos envolvió en una experiencia artística en 360º, combinando música, diseño y video en una sola propuesta. Conceptual y detallista. Entre escenarios, una pequeña para ver lo que hacía Flux Pavillion. Y era todo lo que podíamos esperar, una potente lluvia de bajos y una energía apabullante que tenía a todo el público del SonarClub en un estado de frenesí. Así suena el dubstep en 2014. Pero había que cambiar rápido, porque a las 00:00 en punto comenzaba Moderat, uno de los números imperdibles de la noche. Tal como esperábamos, la colaboración Apparat y Modeselektor es una combinación con lo mejor de ambos mundos: pop sofisticado, melódico, y energía techno. Estilismo y emotividad resumidas en siete letras para uno de los momentos más altos que vivimos. Pero aún quedaban horas por delante y la ruta nos llevaba a Caribou, la agrupación liderada por Dan Snaith. Ya frente a la banda, comenzó a atraparnos en su red sonora, la que combina influencias que van desde el krautrock al indie, hasta llegar a un espacio de liberadora electrónica. Una ejecución donde cada elemento está ubicado calculada y detalladamente. Suficientes bandas, era hora de la fiesta directa, y quienes mejores para dar inicio que 2manydjs. Esta vez en formato dj set, la pareja fue el combustible que SonarPub necesitaba para comenzar a encender. Rock, indie, house o techno, todos entraban en la licuadora de los hermanos suecos para convertirse en un producto diseñado para poner a hervir una pista. Gasolina everfescente e inflamable. A continuación, otro de los puntos altos, Four Tet, también en formato dj set. Como no podía ser de otra forma, el británico nos deleitó con una meticulosa selección, una experimentación que transita entre distintos géneros, pero que manipula para extrapolar a un contexto de pista de baile. Brillante. Cuando faltaba poco para las cuatro de la mañana, Richie Hawtin tomó el control de las máquinas -y por consecuencia la pista- para inundar el SonarClub con el sonido techno que tan bien sabe manejar. Minimalismo, sombras y densidad, elementos básicos que conviven en el desarrollo de cada una de sus sesiones y donde demuestra la expertise acumulada en casi treinta años de carrera. El cierre de la noche era auténtica lucha de titanes. Mientras Loco Dice se hacía cargo de SonarClub, The Martinez Brothers se subían al escenario de SonarPub. Por un lado, el alemán no escatimó en recursos para sacudir al público que repletaba el lugar, inyectando techno y house en sus distintas variables y en cada uno de los asistentes. Por su parte, los hermanos originarios del Bronx no hacían más que transportarnos directamente a Nueva York, bombardeando la pista con cortes house que se influenciaban por sus corrientes clásicas, además de tendencias callejeras como hiphop. 7 de la mañana y era tiempo de, finalmente, ir a casa y descansar. Una nueva y extensa jornada nos esperaba en pocas horas.

 

Sábado 14

 

La tarde del sábado fue ligera en cantidad de actos, pero intensa en propuestas. Cómo no, si el primer show lo comandaban Neneh Cherry y RocketNumberNine, dupla que tocó de forma íntegra el nuevo disco de la legendaria artista norteamericana. Cuando el objetivo era encontrar un camino común para pop, hiphop y electrónica, Four Tet, productor de la placa, fue el pegamento perfecto. En vivo, en SonarHall, Cherry nos dejó en claro que lo suyo no es apegarse a su pasado, si no mirar hacia adelante aplicando creatividad e innovación. ¿Lo logra? Con creces. Siguiente número: Kid Koala, tornamesista que llegaba al SonarVillage para presentar Vinyl Vaudeville 2.0, una propuesta en la que música y baile, este inspirado por el mundo burlesque, comparten un mismo escenario. Si la primicia sonaba bien en papel, en vivo cumple las expectativas y va más allá. Cuando hay dos platos y vinilos en la mesa, pocos pueden igualar su habilidad. Se acercaban las siete de la tarde y Audion, la cara en vivo de Matthew Dear, ya estaba a punto para su presentación. El show del norteamericano no defrauda; su combinación de visuales y techno es capaz de capturar la atención del más esquivo, para encaminarlo en un crucero en el que se divisa una variada y aguerrida gama de ritmos. Un innovador constante. La próxima misión nos llevaba a cruzar todo SonarVillage para llegar hasta SonarDome, donde TOKiMONSTA sería la invitada que pondría la cuota de hiphop avanzado que necesitaba la tarde. La experimentalista de California nos llevó por un recorrido en el que entraron desde Wu Tang a Craig Mack, sin alejarse de esa esencia que la ha denotado como uno de los nombres más innovadores del circuito. Un puente creativo entre Los Angeles y Barcelona. Para cerrar la jornada, James Holden, músico que presentó en vivo la hipnótica paleta sonora que crea en sus trabajos de estudio, donde combina distintas influencias para llegar a un resultado tan ambiental como eufórico. Un ilusionista de sonidos.

 

 

 

Segunda y última cita nocturna, y con ella una agenda abultada y absolutamente inquieta. Y el primer escenario en recibirnos ya tenía a Four Tet como protagonista. Controlando sus equipos en vivo, el británico se desenvolvía como el arquitecto de un laberinto de ritmos complejos y entrecruzados, los que emergían con armonía y coherencia tras una detallada manipulación. Una composición en la que distintos géneros pierden su identidad para entrar en las dimensiones sonoras propias que funcionan bajo el mandato de Kieran Hebden. A continuación, uno de los platos fuertes, los cabeza de cartel Massive Attack. Estrenando su nuevo show, el dúo tradujo esa combinación de música atmosférica e íntima a un formato de banda, con delicados toques rock que dieron una mayor profundidad y consistencia a la propuesta. El apoyo visual, con una fuerte protesta política en contexto local, no hizo más que conectarlos con una mayor fuerza con el vibrante marco de público que repletaba SonarClub. Terminado el show de los de Bristol, era el turno de Matthew Dear de transformar el espacio en una pista de baile. En su sesión, el norteamericano actuó como el gobernador de su propio territorio, uno donde no existen restricciones y donde un techno sombrío es solo el punto de partida para un trayecto en el que se cruzan distintas influencias, encontrando en el camino guiños pop y texturas tan confusas como abstractas. Un ingeniero instinto ambicioso y desprejuiciado. Un breve paso por la pista a cargo de ƱZ sirvió para corroborar en vivo porqué el misterioso dj, protegido por una máscara dorada, es uno de los nombres más potentes de la escena trap. El trabajo del norteamericano se define por la unión de elementos que mezclan contundencia y minimalismo, reconfigurando corrientes como hiphop y r&b para llegar a un sonido potente y contagioso. Un malabarista de líneas de bajo. Pero, en ese momento, lo importante era llegar a CHIC, la banda liderada por el músico neoyorquino Nile Rodgers. La legendaria agrupación nos llevó – de forma fresca y vigente – a un colorido pasado, todo sin tener que movernos de nuestro metro cuadrado y animados por una fiesta en la que combinaron funk y disco en su forma original. Como si los años no pasaran. El camino nos llevaba a uno de los actos más interesantes de la noche, pero nos cruzamos con Rudimental y la parada se hizo obligatoria. Y con justa razón. El cuarteto británico, acompañado por una serie de MCs y guitarristas, superando las 10 personas en escena, entregó una actuación eufórica y explosiva. Una frenética cama de drum & bass, inyectado con un calmante de influencias pop y hiphop, que lo abre a un terreno más amigable y cercano. Un torbellino de golpes de bajo. Algunos metros más allá, Future Brown, el supergrupo formado por Fatima Al Qadiri, Nguzunguzu y J-Cush, triangulaba una creatividad en la que el r&b adquiere tintes futuristas gracias a una potente suma de uk bass, grime, house y cumbia electrónica, entre otros. Rebeldía inquieta, curiosa y, como manda Sónar, de total avanzada. Ya cerrando la noche, Daphni y James Holden juntos en formato back 2 back. Lo del canadiense y el británico fue un choque de talentos, una colisión que prodjo un chispazo en el que se puedo reconocer desde psicodelia house a techno de colores cósmicos. Por algunos minutos abandonamos España para disfrutar desde un poco más allá de la atmósfera. A pesar del cansancio, habia un último número en el itinerario: Boys Noize. Como amo y señor de sus máquinas, Alexander Ridha liberó la destreza técnica que le ha valido reconocimiento mundial, la misma que le permite construir una muralla sonora en la que combina techno, house y electro en una línea que no pierde armonía o coherencia. Un cierre intenso e incendiario importado desde Alemania. Nos vemos en 2015.

 

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