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Sonar 2013

14/16-06-13

Sónar, festival que comenzó hace 20 años y que a la fecha se ha convertido en uno de los eventos más prestigiosos dentro del circuito dedicado a la música electrónica, celebró dos décadas de vida los pasados 14, 15 y 16 de junio en su casa, Barcelona, convocando a más de 120 mil asistentes (todo un récord) para confirmar una vez más ser un punto estratégico en el que conectan los artistas que no temen en innovar y buscar nuevas apuestas que hagan florecer no sólo su propia carrera, si no las posibilidades de composición de un género que hoy se ha tomado el planeta. Distintas tendencias, artistas consolidados, referencias indiscutidas y nuevos talentos, se dieron cita en un evento que brilló por la solidez de su apuesta y por la alta calidad musical de sus invitados.

 

Viernes 15

 

La ruta a seguir la noche del 15 comenzó con quienes construyeron la estructura que forma la base de lo que hoy se conoce como música electrónica: Kraftwerk, quienes con un show 3d de ejecución calculada y prolija, remecieron el escenario principal con ese sonido en el que las máquinas parecieran querer exteriorizar su parte más humana y donde cada uno de los miembros es un engranaje clave en una robótica orquesta. A través de cortes como The Robots, Computer World o Radioactivity, los alemanes nos abrazaron con una silenciosa y mecánica frialdad para llevarnos hacia las profundidades mismas de la música que nos convocaba. Pero el tiempo en este tipo de jornadas es un bien preciado, por lo que luego de disfrutar una clase de historia en vivo y en directo había que cambiar rápidamente de posición para poder apreciar con la mejor ubicación el show del chileno-norteamericano Nicolás Jaar. Y como era de esperar, el joven artista no defraudó. Reconocido como uno de los actos más celebrados de los últimos años, Jaar demostró sus habilidades creativas con tanta pasión como soltura, entregando un show en el que la textura más minúscula que salía de sus equipos recibió un tratamiento de calidez orgánica que no hacía más que crear una atmósfera rítmica perfecta. Cada tono emitido era un diamante debidamente pulido que brilló hasta crear una completa constelación de sonidos. Un lujo y una comunión para quienes nos reunimos frente a el. Un rápido paso frente a Eats Everything nos dejó claro porque es uno de los nombres más solicitados en la actualidad. Daniel Pierce mantuvo al público atrapado en todo momento bajo una ráfaga de house que no se avergonzaba de su juventud y en la que corrientes contemporáneas se conjugaban para construir una instancia dedicada a la energía y la intensidad. Pero Sónar se trata de tener la mirada puesta en nuevos horizontes, por lo que la próxima parada prometía convertir la pista en un movedizo puzzle musical. Valiente, atrevido y curioso, Oneman no dudó por instante alguno en oficiar de capitán de tripulación y llevarnos por una travesía de múltiples y a ratos confusos caminos. Sea house del que hierve sobre bajos al rojo vivo, techno fragmentado o la cara más innovadora del garage, el británico tritura cada una de estas extensiones para, cual arquitecto, configurar una nueva definición para sus armonías. ¿Presente? ¿Pasado? ¿Futuro? Nunca supimos hacia que dimensión temporal fuimos transportados. ¿Quién siguió? Two Door Cinema Club, trío irlandés dueño de un electro-pop de directrices indie que a punta de melodías a las que pocos logran rendirse ha contagiado a todo el globo. Una breve dosis de baile divertido y re-energizante. Y luego de recorrer por ya varias horas el espacio conocido como Fira Gran Via L’Hospitalet, entramos en un vertiginoso viaje que nos llevaría a pasear por las entrañas mismas del techno. ENTER, el renombrado concepto de fiestas ideado por Richie Hawtin, se hacía presente con algunos de sus miembros más destacados y con la joven británica Maya Jane Coles designada para abrir los fuegos. Lo de Coles fue una agitada caminata por los lados más amistosos y profundos del tech-house, y en la que su aparente delicadeza no es en lo más mínimo un condicionante para enfrentarnos con energía e incluso adoptar elementos pop para dar nuevos matices a su propuesta. Pero lejos de creer que con esto nos acercábamos a la luz del amanecer, Paco Osuna tomaba el control para sumergirnos en su propio mundo, uno donde una misteriosa oscuridad y un tenso minimalismo nutren un techno robusto e hipnótico. Bajo su mando los sentidos parecen independizarse para desenvolverse por separado y el baile se transforma en una reacción instantánea a la lluvia de golpes que transmite por los parlantes. Pero aún quedaba algo más, pues tendríamos la oportunidad de ser testigos de un enfrentamiento poco común en estos días. Por un lado Derrick May, miembro del equipo formado por Juan Atkins y Kevin Saunderson que desde un motorizado Detroit dio vida a lo que hoy conocemos como techno, y Richie Hawtin, director de toda una revolución protagonizada por la segunda generación de artistas que continuaban la herencia de los pioneros antes mencionados. Hawtin, ubicado tras una trinchera tecnológica, demostraba su visionaria forma de dominar y desfigurar las bibliotecas que maneja, edificando auténticos laberintos sonoros que desafían el conocimiento de hasta el más estudioso de los seguidores. Lo suyo es hoy ser un puente conector entre nuevas audiencias, la autonomía sintética de las máquinas y el núcleo más puro del techno, y eso muy claro lo dejó. Por su parte, May se limitó a cumplir su misión: dictar una cátedra capaz de anudar tres décadas de desarrollo y confirmar su sitial como eminencia absoluta. Un abanico infinito de polifonías eran reproducidos por el norteamericano frente a un espacio en el que ya no entraba nadie. Todos querían estar presentes en contexto que funcionaba como el aula donde el más influyente de los docentes simplemente reafirmó su condición y educó a los presentes.

 

Sábado 16

 

Para el segundo día el menú estaba definido y el plato de entrada era nada más y nada menos que el dúo británico Pet Shop Boys. A lo largo de su presentación, Neil Tennant y Chris Lowe dejaron en claro que lo suyo es reinar en los terrenos del pop sintetizado, pero que techno, house y una considerable cuota de romanticismo son también parte de de los elementos que detallan su inagotable esquema. A través de un show con fuerte foco en lo visual, la dupla nos condujo por un recorrido de sus más grandes éxitos, además de demostrar que a más de treinta años de haber comenzado su carrera se mantienen como un acto de indiscutida vanguardia y calidad escénica. Pero no todo es sonido mecánico, por lo que la noche cambiaría de rumbo para hacernos parte del regreso de Jurassic 5, banda de hiphop que conquistó a quienes repletábamos SonarPub con esa mezcla única de rap, soul y funk. Un encuentro histórico, vibrante y lleno de dinamismo en el que el sexteto dejó en claro que su regreso es para retomar una vigencia en pausa y retornar a su sitial de honor. Y si la celebración ya estaba en su punto más alto, estaríamos a punto de duplicarla y llevarla a un nuevo nivel, pues Breakbot y su ejecución de funk melódico y de tintes modernos daban el puntapié inicial para el festejo por los 10 años del sello parisino Ed Banger.  Y como era de esperar, el francés nos hizo parte de su propia esencia y nos hizo parte de una fusión de ritmos sutiles y elegantes, pero con la gracia suficiente para invitar y seducir a una buena dosis de baile. Un poco más allá y con gran habilidad, George FitzGerald animaba SonarLab con esa infalible muestra de house melódico y cargado de influencia británica, sin temor alguno a rescatar influencias de techno, garage o dubstep para dotar de mayor calidez y personalidad a su propuesta. Una hipnósis intensa y neónica. Ya eran cerca de la una y media de la mañana y  el peso de los nombres que actuaban en los distintos escenarios comenzaba a aumentar. 2manydjs, el proyecto de mesa de los hermanos Deawele, remeció SonarClub con el show que ha detonado en clubs y festivales de todo el mundo, donde rock, funk, hiphop y techno son modificados, complementados con un relato visual y expulsados al público como una de las más explosivas del circuito musical global. Como era de esperar, la pista quedo totalmente fracturada tras el paso de David y Stephen, pero no había cabida para el cansancio. El show debía continuar y Busy P ya nos esperaba para sumarnos a la celebración del cumpleaños número diez de Ed Banger. Con un set compuesto por las referencias principales publicadas durante su historia, Pierre Winter nos sumergió en una radiografía hasta el núcleo mismo de su sello, pinchando a nombres como Uffie, Justice, Breakbot, SebastiAn, Cassius y Mr. Oizo, entre muchos más. Una apurada pasada por Hot Natured sirvió para experimentar en vivo el efecto del proyecto de Lee Foss y Jamie Jones, actualmente uno de los más grandes dentro de la escena house gracias a una actitud musical desafiante y de estética atemporal. Artistas y asistentes conectados por música y baile. Pero el fiesta Ed Banger continuaba y se preparaba para cerrar a lo grande y con uno de sus grandes estandartes. En una sesión llena de estallidos, Justice pusieron a hervir los decibeles del lugar con su ya conocida y comprobada fórmula de ritmos, una conjugación del lado más adrenalínico de la música electrónica y la pasión de géneros como el rock, el metal y tendencias ochenteras. Puños en alto, pies en el aire y un ambiente empapado por la euforia y el jolgorio. La noche avanzaba y Undo preparaba con gusto, técnica y sabiduría el escenario que pronto ocuparía Paul Kalkbrenner. Antes de que el alemán entrara en acción, el barcelonés hizo gala de todo el conocimiento que ha acumulado desde mediados de los noventa, manejando a la perfección un extendido y ecléctico espacio de sonidos. Luego, a su llegada, Kalkbrenner se encontraría con un SonarClub lleno de seguidores que venían a rendirle culto. Durante casi 90 minutos y recorriendo material nuevo y antiguo, el productor nacido en Leipzig deleitó con su armónica y emotiva mirada a la música de baile, la que investiga sin ataduras entre líneas pop, techno y house para llegar a un etéreo punto de intersección. Su versión de La Mezcla, original de Michel Cleis, y su éxito Sky and Sand, detonaron un auténtico delirio rave en un formato que mezcla fiesta y concierto. ¿Y para el gran cierre? Un nombre que se ha mantenido por más de una década en la cima. Luciano, jefe Vagabundo y dueño del sello Cadenza, sacudió la pista designada para su actuación con el lado más potente de su actual repertorio, el que combina con frenesí la calidez de los sonidos latinoamericanos con el vigor del techno y el house. Alegría, gozo y diversión: el cierre perfecto para una jornada que celebró a la música, sus variantes y contínuas transformaciones.

 

Encuentros como Sónar son los que viven la actualidad con compromiso, pero preparan el terreno para los cambios darán forma a lo que serán las nuevas generaciones, manteniendo a la música en un constante estado evolutivo. Nos vemos, con mucho gusto, el 2014.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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