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Lollapalooza Chile 2013

06/07-04-13

Festivales como Lollapalooza son lo más cercano que podría estar de una maratón. Cambios frenéticos entre un escenario y otro; sin pausas y casi sin descanzo, pues el tiempo se vuelve el bien más preciado del día y perder un minuto es un lujo del cual no se puede (o no me permito) gozar. Estamos ahí por la música, por nada más.

 

En su tercera edición, el evento reunió a casi 140.000 personas durante dos días, los que repletaron cada espacio dispuesto para las distintas actividades y que dieron vida a la jornada más exitosa de su joven historia local.

 

El primer día comenzó con Hot Chip, banda que a las 2 de la tarde, y a pesar del calor reinante, daba la primera señal de fiesta con su propuesta retro-pop llena de hits, los que en base a ritmos sintéticos y efectivas melodías envueltas en influencias disco, protagonizaron un correcto show, el que confirmaba la espera por su actuación al congregar un gran marco de público. A continuación, Dj Marky se convertía en un terrorista de la pista de baile al dinamitar Movistar Arena con un cargamento de bajos voluminosos y energizados, los que camuflados de drum&bass y dubstep, y con la gran técnica de mezcla que caracteriza al brasileño, hicieron vibrar hasta el ultimo rincón del recinto. Siguientes: Crystal Castles, uno de los momentos mas febriles del festival. Un sueño ruidoso, fluorecente y delirante. Un trauma sintético donde pareciera que Alice Glass oficiara de comandante de un eufórico y joven ejército, pero que en el fondo resulta ser la esquizofrénica marioneta a través de la cual un oculto Ethan Kahn externaliza sus más bizarras fantasías. Mientras, en el escenario Playstation, Passion Pit descargaba su tendencial indie-rock, el que condimentado por sintetizadores llamaba la atención – y el baile – de un gran número de asistentes. De vuelta en la arena, Zeds Dead demostraba los créditos que han llevado su propuesta dubstep a ser firmada por sellos como Ultra Records y Mad Decent con una violenta ráfaga del lado más americanizado del dubstep. Pero la verdadera fiesta no se viviría hasta las 19:30, hora en que Major Lazer entraría a escena para convertir Lollapalooza en un verdadero carnaval. Diplo, un evangelizador del descontrol, pasó a Yeah Yeah Yeahs, House of Pain e incluso a Los Prisioneros, por una licuadora de bass music configurada dentro de sus propios límites, asumiendo que estos existen, para convertir al escenario LG Optimus en una burbuja que no paró de hervir. Fueron 90 minutos sin pausas, sin tregua y sin piedad alguna. El sábado cerró finalmente con Kaskade, quién tomó los sonidos más melódicos que transitan por la actual EDM para adaptarlos a su visión progresiva del house y absorver las últimas energías de los asistentes.

 

El domingo, Toro y Moi ponía a las 13:30 horas la primera cuota hipnótica del día, con una atmosférica actuación cuya mezcla de influencias disco, dream-pop, funk y electrónicas sedujo sin mayor dificultad al público que de a poco llenaba nuevamente las dependencias de Parque O’higgins. Daniel Klauser, uno de los grandes embajadores que el house de avanzada tiene en nuestro país en la actualidad, llegó merecidamente a abrir los fuegos en Movistar Arena, demostrando porqué su carrera ha escalado prometedora y meteóricamente al conectar de forma elegante sonidos oscuros, densos, pero no por eso faltos de melodía y vanguardia. La representación chilena continuó con RVSB (Raff Vs Bitman), colaboración que eleva al cuadrado un talento que, tomando influencias de la música bass y combinándolas con sus raíces en el hiphop, logra un resultado fresco y de alto impacto. Las habilidades tanto en producción como en la mezcla de ambos artistas quedaron de manifiesto frente a cientos de personas que, manos en alto, celebraban cada nuevo golpe que emitían desde sus controles. Porter Robinson, una de las más grandes estrellas que la escena EDM ha visto nacer durante los últimos años, llegaba por primera vez a Chile para dejar en claro la posición de la que goza. ¿El resultado? Un público totalmente conectado y sumido a lo que el joven norteamericano reproducía. Si la música electrónica ha logrado una explosiva popularidad, su presentación fue un paso más en la conquista mundial del género. Durante los escasos 15 minutos que tuve a Deadmau5 al frente sonaron dos tracks. Dos cortes planos, estirados y faltos de mayor ejecución en vivo, pero que complementados por una atractiva puesta en escena, mantenían en éxtasis a los cientos de jóvenes que luego cerrarían el día en el escenario que funcionaba como pista de baile, porque Steve Aoki fue el cierre perfecto para el escenario LG Optimus. Al norteamericano de raíces niponas ya no podemos clasificarlo como dj, si no como un auténtico showman. Con menos de la mitad de su actuación ubicado tras las máquinas, se preocupó de alentar al público que llenó Movistar Arena, en su gran mayoría adolescentes pertenecientes al grupo etáreo que ha convertido a la música electrónica en un poderoso producto pop, con una acertada lista de dubstep masivo y eufórico electro-house, por donde pasaron singles como Warp 1.9, New Noise (junto a Refused), su remix para Pursuit of Happiness de Kid Cudi o la colaboración con Afrojack, No Beef. Un recinto lleno (a eso de las 22:00hrs. se cerró el acceso al lugar) bajaba la cortina de un festival que anotó récord de asistencia y que entregó una nutrida variedad de estilos. Sin duda alguna la mejor experiencia musical que tiene Chile en la actualidad.

 

 

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