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Ultra Chile

22-02-13

Sumándose a la actual fiebre de festivales de música en el país, el pasado viernes 22 de febrero abrió sus puertas por primera vez Ultra Chile, evento que en medio de altas expectativas y con un potente line-up, prometía replicar a nivel local el éxito de la versión que este 2013 cumple 15 años desarrollándose en Miami. ¿El resultado? 30.000 asistentes que en un total de 24 horas llenaron los sectores dispuestos en Espacio Broadway, dando vida a una fiesta que cumplió en aspectos musicales y de organización, culminando en la confirmación de una segunda versión para el 2014.

 

Si bien la variedad de géneros que animarían la jornada lograba satisfacer distintos públicos, edades y gustos, nuestro destino era claro: El escenario donde Carl Cox e invitados marcarían el punto de encuentro para recibir el desembarque de un importante cargamento de techno y house.

 

A nuestra llegada, el manejo de la pista estaba a cargo de Elio Riso, quien traía nuevamente la propuesta que le ha valido ser residente del club Space, en Ibiza, por más de una década y con la que ha recorrido gran parte del globo. A través de un set principalmente basado en una línea tech-house de bajos gruesos y animadas percusiones, el argentino continuaba dando forma a un ambiente que había sido iniciado poco antes por Dani Casarano y Felipe Valenzuela, donde tonos alegres e iluminados comenzaban a colorear el clima de la noche y a definir los conceptos que marcarían la pauta de ésta. Track tras track, la vibra que llenaba la carpa comenzaba a formar el ambiente de festividad que todos buscábamos y que, finalmente, encontraríamos.

 

Tras una hora y media de actuación, y cuando el reloj marcaba las 22:30, Nina Kraviz aparece en escena para comenzar preparar sus equipos. El esperado debut de la rusa venía precedido por críticas que la han posicionado como una de las grandes revelaciones de los últimos años, gracias a un manejo sutil y balanceado de tendencias clásicas y contemporáneas que conviven dentro de los límites que marcan los ángulos más puristas del techno y el house. Y todos los comentarios fueron comprobados, pues lejos de desviar el rumbo delineado por Riso, y a pesar del poco tiempo destinado a su sesión (sólo 60 minutos), Kraviz sorprendió adaptándose al flujo heredado con un potente y sólido set, el que fijó sus fronteras en un techno oscuro, ácido y metálico, con un núcleo sonoro se alimentaba de un rescate a elementos presentes en los sonidos del Detroit de los noventa y donde no faltó una acorde remezcla a su gran hit, Ghetto Kraviz. En medio de aplausos que celebraban su técnica y que a muchos nos dejó con ansias de más, la siberiana cerraba su presentación para dar paso a Umek, otra ansiada visita.

 

Desde el inicio, Uros Umek ignoró cualquier estructura de progresión que pretendiera dirigir una determinada travesía musical, impactando desde el primer momento con una serie de cortes que hacían explotar la pista una y otra vez en la que sin dudas fue la presentación con más fuerza de la jornada. Con un techno robusto que encontraba en pequeñas pinceladas de house un complemento meramente estético, el esloveno supo mantener en toda la extensión de su set un nivel que, si bien a ratos caía en la monotonía, cumplió a cabalidad la misión de atrapar el baile y la atención del público durante los noventa minutos que se mantuvo en los controles.

 

Una de la mañana y con un público ya inmerso y conectado con la energía que rebotaba a través de toda el área, Marco Carola comenzaba a pasar el primer corte de su turno. Armado con el característico sello techno que le ha valido una reputación construída durante más de 20 años de influyente carrera, el italiano distribuyó su mezcla en variadas etapas, construyendo atmósferas y estados anímicos con una delicada sutileza al conectar con inteligencia e instinto distintas secuencias rítmicas. Durante 120 minutos, Carola transformó configuraciones armónicas para generar incontables e imperceptibles transiciones, las que dieron origen a un viaje con dimensión propia que brilló con matices al mismo tiempo orgánicos y sintéticos.

 

Finalmente, mientras a pocos metros Armin Van Buuren deleitaba a todos sus fanáticos, el nombre principal de la noche, Carl Cox, llegaba para confirmar una vez más su trono como uno de los más grandes exponentes que la escena dance ha tenido en su historia. Y desde un comienzo esto quedó completamente claro, ya que el británico se apoderó de la palabra fiesta para convertirla en un sinónimo de sí mismo al ejecutar una contínua cortina de tracks que, lejos de aumentar algún signo de cansancio entre quienes a esa hora llenaban el escenario, inyectaban nuevas energías y revitalizaban el ambiente. Cox no sorprende, pues no tiene nada que probar, simplemente da rienda suelta a un honesto carisma que es reflejado a través su apasionada conexión con la música y de su propia faceta como maestro de ceremonias. “Oh yes, Oh Yes”, exclamaba por el micrófono, mientras las cientos de manos en el aire agradecían lo que estaban viviendo y confirmaban su reputación. El legendario dj protagonizó sin dudas el cierre ideal para un encuentro que marcó el inicio del año.

 

Sinnergy, productora a cargo de la licencia, no apostó por cambiar el panorama musical del país, si no que buscó importar un concepto nuevo que integrara distintos estilos y entregara una nueva experiencia a un público cada vez más ansioso por eventos masivos. Hubo una preocupación por detalles, distribuciones y servicios, los que sumados a una selección de artistas que no dejaban espacio para descanso, además de una correcta puesta visual, cerraron dos días de celebración con saldo positivo. Con una evaluación donde público, productora y artistas celebran esta primera edición, creo que en conjunto podemos dar la bienvenida a un nuevo festival para Chile.

 

 

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